lunes, 4 de febrero de 2013

Antorcha 20. Año de la Fe




Antorcha 20. Año de la Fe
Actividades de la vida de la Iglesia del 26 al 25 de enero al 1 de febrero de 2013
Autor: Varios | Fuente: Santa Sede


La primera y fundamental definición que el Credo nos presenta de Dios: Padre Todopoderoso, ha sido el tema de la catequesis de Benedicto XVI durante la audiencia general de los miércoles celebrada en el Aula Pablo VI.

"No siempre es fácil hoy en día hablar de la paternidad -ha dicho el Papa- (...) y se convierte en un problema incluso imaginar a Dios como un padre, sin tener modelos adecuados de referencia. Para aquellos que han tenido la experiencia de un padre demasiado autoritario e inflexible, o indiferente y poco afectuoso o incluso ausente, no es fácil pensar con serenidad en Dios como Padre y entregarse a Él con confianza. Pero la revelación bíblica nos ayuda a superar estas dificultades hablándonos de un Dios que nos muestra lo que significa verdaderamente ser "padre"; y es sobre todo el Evangelio que revela el rostro de Dios como un Padre que ama hasta llegar al don de su propio Hijo para la salvación de la humanidad".

El Santo Padre, a la luz de las Escrituras y de los textos de los evangelistas, ha explicado que Dios es nuestro Padre porque "nos ha bendecido y escogido antes de la creación del mundo", "nos ha hecho realmente sus hijos en Jesús. Y, como Padre, acompaña con amor nuestra existencia, dándonos su Palabra, sus enseñanzas, su gracia, su Espíritu. (...) Y si es lo suficientemente bueno para hacer "salir su sol sobre malos y buenos, y ... la lluvia sobre justos e injustos" siempre podremos sin temor y con total confianza, abandonarnos a su perdón de Padre cuando equivocamos el camino".

El salmo 136, recorriendo la historia de la salvación, repite "Porque su amor es para siempre" y, ha subrayado el Pontífice,: "El amor de Dios Padre nunca falla, no se cansa de nosotros (...) La fe nos da esta certeza que se convierte en roca segura en la construcción de nuestras vidas: podemos afrontar todos los momentos de dificultad y de peligro, la experiencia de la oscuridad de la crisis y del tiempo del dolor, sostenidos por la confianza de que Dios no nos deja solos y siempre está cerca, para salvarnos y llevarnos a la vida eterna."

Y, el rostro bondadoso del Padre que está en los cielos, "se muestra plenamente en el Señor Jesús. Conociéndole, podemos conocer al Padre y viéndole podemos ver al Padre (...) La fe en el Dios Padre nos pide que creamos en el Hijo, bajo la acción del Espíritu, reconociendo en la Cruz que salva la revelación definitiva del amor divino. Dios es nuestro Padre que entrega a su Hijo por nosotros; Dios es nuestro Padre, perdonando nuestros pecados y llevándonos a la alegría de la vida resucitada".

Pero podemos preguntarnos: ¿Cómo es posible imaginar un Dios todopoderoso mirando a la cruz de Cristo? ."Quisiéramos una omnipotencia divina que correspondiese a nuestros esquemas mentales y a nuestros deseos: un Dios "Todopoderoso" (...) que venciera a las potencias adversas, que cambiase el curso de los acontecimientos y anulase el dolor. (...) En realidad, ante el mal y el sufrimiento, para muchos, para nosotros resulta problemático, difícil, creer en un Dios Padre y creer que es todopoderoso".

Pero la fe en el Dios Todopoderoso "nos lleva por caminos muy diferentes: aprender a conocer que el pensamiento de Dios es diferente del nuestro, que sus caminos son diferentes de los nuestros e incluso su omnipotencia es diferente: no se expresa como una fuerza automática o arbitraria(...) En realidad, Dios al crear a criaturas libres, dándoles libertad, ha renunciado a un parte de su poder, dejándonos el poder de nuestra libertad. Así, ama y respeta la libre respuesta de amor a su llamada. Su omnipotencia no se expresa ni en la violencia, ni en la destrucción de todo poder adverso, como quisiéramos, sino en el amor, la misericordia, el perdón, en la llamada incansable a la conversión del corazón, (...) en una actitud sólo aparentemente débil, hecha de paciencia, mansedumbre y amor, (...) Esta es la potencia de Dios y esa potencia vencerá".

"Sólo quien es realmente poderoso puede aguantar el dolor y mostrarse compasivo; sólo quien es realmente poderoso puede ejercer plenamente la fuerza del amor. Y Dios, a quien pertenecen todas las cosas, porque todas las cosas fueron hechas por Él, revela su fuerza amando a todos y a todo, en una paciente espera de nuestra conversión, porque quiere que seamos sus hijos (...) La omnipotencia del amor no es la del poder del mundo, sino la del don total, y Jesús, el Hijo de Dios, revela al mundo la verdadera omnipotencia del Padre dando su vida por nosotros, los pecadores. Esta es la (...) auténtica potencia divina: responder al mal no con el mal sino con el bien, (...) al odio asesino con el amor que da la vida. Así se vence verdaderamente el mal, porque el amor de Dios lo lava; así la muerte es finalmente derrotada, porque se transforma en don de vida. Dios Padre resucita a su Hijo: la muerte, la gran enemiga es devorada y privada de su veneno y nosotros, liberados del pecado, podemos acceder a nuestro realidad de los hijos de Dios".

Por eso cuando decimos "Creo en Dios Padre Todopoderoso," expresamos "nuestra fe en el poder del amor de Dios que, en su Hijo muerto y resucitado vence al odio, al mal , al pecado y nos da vida eterna, la de los hijos que quieren estar siempre en la "Casa del Padre" .

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